Desde que somos pequeños, siempre te preguntan ¿que quieres ser de mayor? y respondemos: astronautas, médicos, profesor, etc... en principio vamos por el camino que nos guian nuestros padres o educadores y poco a poco a medida que vamos madurando como personas, nos definimos y elegimos lo que queremos hacer, si seguir estudiando o trabajar... en definitiva nos vamos realizando como personas con lo que elegimos, pero los designios de la vida como dirían algunos nos llevan por otros derroteros, y todo cambia.
Todos nuestros sueños, metas y costumbres pasan a un segundo plano y pasamos a una realidad que nos cambia la vida y le da un giro de 180º grados a nuestra vida, puede ocurrir por una enfermedad, por un accidente, por algún familiar muy querido... en fin un motón de circunstancias inesperadas que te cambian la vida ya sea porque te pasen a ti en primera persona o de alguien de tu alrededor y te afecte directamente como para cambiarla la tuya
Ahora os voy a contar como cambió mi vida, se puede decir que de un día para otro a causa de una enfermedad cuando tenía diesiseis años, os lo voy a resumir en un relato corto que por casualidades de la vida lo escribí para un concurso de relatos cortos organizado por el ayuntamiento de Málaga y me concedieron el primer premio no me extenso más y comienzo
Hoy en día soy una mujer que sigue luchando por la vida, con esperanza, viviendo en un mundo donde los medios y sobre todo la televisión te venden a la mujer perfecta, noventa, sesenta, noventa y un mínimo de estatura de uno setenta, guapa y joven, en particular un título de belleza que debes tener para triunfar. Pero ya sabemos que la realidad es distinta y si además eres diferente por tener una discapacidad la cosa todavía cambia más.
Actualmente tengo 39 años, pero mi vida cambió cuando tenía 16 años, yo era una niña normal que estudiaba bachillerato, con sueños como cualquier adolescente, un día mi vida cambió, se me hinchó una rodilla a mediados del mes de abril y ya nunca más fue lo mismo, hasta el 30 de octubre de 1985.
Pasé por las consultas de un par de médicos, uno me diagnosticó reuma y el dolor no se me pasaba; consultamos con otro médico, y este sí me diagnosticó el resultado correcto que por supuesto nunca me dijo. Con su ayuda me ingresaron en el hospital Carlos de Haya de Málaga, allí pasé más de un mes ingresada antes de que me operaran, cada día tenía dolores más fuertes, hasta que llegaron a ser insoportables, de hecho, unos cinco días antes de pasar por el quirófano, pensé y dije en voz alta, que me hagan lo que quieran aunque me la corten pero, que me quiten este dolor,. Lo que nunca imaginé es que eso es lo que sucedería, si habéis imaginado bien, me amputaron la pierna.
El día antes el 29 de octubre amaneció otro día como los demás, insoportable con el dolor, llamé a Celia la supervisora de la planta, si como enfermera era buena, como persona excepcional y llamó al director de traumatología que esa mañana andaba por allí, por supuesto no voy a dar su nombre por su poca delicadeza con la que me dijo sin darme explicaciones "esta pierna hay que amputarla" y salió de la habitación sin más. No os podéis imaginar las cosas que en segundos se me pasaron por la cabeza, no entendía nada, Celia entró en la habitación, ya me explicó lo que tenía, una enfermedad llamada osteosarcoma o más común cáncer de hueso y después de una charla, las palabras que realmente me impactaron, que aún hoy día las tengo grabadas, "si no te amputan la pierna te mueres". Mi respuesta inmediata sin pensar, fue "que me hagan lo que quieran, yo no me quiero morir", en esos momentos en mi mente surgió una imagen de una caja de madera conmigo dentro, no me gustó nada. Mi fuerza por vivir era más fuerte que perder una pierna.
A partir de ahí mi vida fué diferente. Vinieron momentos más difíciles, me trataron com quimioterapia, los efectos secundarios son tremendos y quien haya pasado por eso lo sabe muy bien y me entiende, pero lo superé y cuando todo parecía ir bien, a los once meses tuve que volver a pasar por el quirófano por una metástasis pulmonar. Afortunadamente todo salió bien, fue limpia y no me tuvieron que tratar otra vez con quimioterapia, que era lo que realmente me preocupaba: pasar por ese calvario ya que los efectos secundarios de la quimioterapia son muy duros.
A partir de ahí he seguido con mi vida, con una prótesis, no tengo ningún complejo físico, he sido madre, tengo 2 hijas maravillosas que por supuesto he criado y educado yo, trabajo, estudio, llevo una vida totalmente normal. Los límites son mínimos o por lo menos yo lo veo así , el "no puedo" es relativo en mí, todo lo que me propongo, lo intento y en la mayoría de las veces lo consigo. Las limitaciones no existen, nos la ponemos nosotros mismos.
Hoy en día, reafirmo, haber vivido esta experiencia, me ha hecho ver la vida desde otra perspectiva, aprecio más las cosas pequeñas y cotidianas que nos da la vida, nos llenan y hacen felices, aunque no las veamos.
Después de 23 años, sigo teniendo las mismas ganas de vivir, luchando con todas las barreras que la vida te pone a diario. Doy gracias a dios por todo lo que me ha dado, por estar aquí, a mi familia que me apoyó y lo sigue haciendo, a mis padres y hermano y sobre todo a los pilares de mi vida, mis hijas Sandra y Silvia.
" LoS AmIg@S"
Hace 16 años
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